pasen y escuchen...
Un río
MyL: Nicolás Cuneo - Germán Roffler
Yo una vez tuve un río
Cansado brilloso dolido
Un río grande de nombre
Pasaba lejos de mí
Quería ver que la luna
Quitase el alma de mí
Cuando una vez tuve un río
Sin pena y sin existir
Yo nací dentro de un río
Nacieron otros de mí
Ahora no sé ni mi nombre
El río que antes no ví
Las villas lo acariciaban
No tiene rumbo ni fin
Un río que yo pudiese
Beberlo dentro de mí
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
cambios
dos poemas
Caigo conteniendo la respiración
llevo hacia una levar ascético todo lo que alguna vez giró
por sí y dentro de mí en alguna parte cerca de mí
reúno partes
cebo de la magia su parte tosca.
...
A todo el mundo le gustaría trascender
atravesar una hoja y navegar como un maleante encapuchado sobre
la dermis verde
respirar agua en los pulmones
tocar con la yema de los dedos hojas, vulvas azules, romper la
cáscara de un huevo
trascender cosas importantes
un tren, un espacio de la cama, el rango de la mirada del otro
al otro, y sus colores
Pero llegamos sólo a ser un giro
a ser una pieza más de lo trascendido
apenas la sombra del hilo de alguien que mueve cosas
como un desecho de ola
o una gigante vacuidad en los ojos.
y nos ponemos así
en posición fetal
imaginando cómo será el cielo de los otros.
Germán Roffler (Rosario, 1982)
times
avanzo,
sin causa,
cantando entre ausentes. Amelia Biagioni
Estoy cansada y no veo bien.
Sospecho que el tiempo no se alarga
conmovido y sin sentido.
Me atreví a la palabra que canta,
atroz
hermosa
la cuidé
hasta que me di cuenta un día
que la estaba perdiendo.
Corrí entonces al quiosco de la esquina
a comprar chocolates.
Grité
grité un tono
y mi voz no se oyó.
Estoy cansada y no veo bien.
Sospecho que el tiempo no se alarga
conmovido y sin sentido.
Me atreví a la palabra que canta,
atroz
hermosa
la cuidé
hasta que me di cuenta un día
que la estaba perdiendo.
Corrí entonces al quiosco de la esquina
a comprar chocolates.
Grité
grité un tono
y mi voz no se oyó.
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