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Buraku*, un poema

























Oía un susurro
Como una brisa flotando de boca en boca
Que debajo de cada axila yo estaría marcado
Con el tamaño de una mano

...

¿Quién ha marcado mis lados? ¿Por qué razón desconocida?
¿Por qué este tizón desconocido sobre mi yo y mi alma?
Aún hoy mis pensamientos disminuidos
Tan pálidos y fríos, transparentes como el vidrio
Me mantienen despierto **


Marouka Tadao, en Whitaker, "Japan's Outcasts", pag. 337



*El término "buraku" 部落 (comunidad) se remonta al Japón feudal y era utilizado para referirse a la clase más baja de la sociedad. Esta gente que vivía en grupos apartados del pueblo, realizaba trabajos como curtir pieles, despiezar animales o ajusticiar criminales, trabajos mal vistos por las religiones budista y sintoista ya que eran considerados "actos impuros" y debido a ello, los burakumin (gente de la comunidad) eran discriminados por el resto de clases.Tanto los burakumin como sus descendientes, tenían prohibido dedicarse a otro oficio que no fuese el de su clase y aunque algunos consiguieron cierto bienestar económico, seguían siendo discriminados y evitados por el resto de la sociedad. Si bien el gobierno, durante la era 'Meiji' abolió el sistema de castas en 1871, la mayoría de los casi tres millones de buraku todavía sufren discriminación laboral e incluso en los institutos de enseñanza cuando informan su origen.

**Según la tradición del chisme de los japoneses mayoritarios, los buraku tienen una marca física hereditaria que los distingue como miembros del grupo marginado de la sociedad: un lunar azuloso debajo de cada brazo: el estigma social que los sectores superiores arrojan sobre los otros se convierte, en su imaginación, en un estigma material: es cosificado, como si la naturaleza o los dioses se lo hubieran implantado a los marginados.

Tristes trópicos (1955). Claude Lévi-Strauss



"Si el individuo ya no está solo en el grupo y cada sociedad ya no está sola entre las cosas, el hombre no está solo en el universo. Cuando el arco iris de las culturas humanas termine de abismarse en el vacío perforado por nuestro furor, en tanto que estemos allí y exista un mundo, ese arco tenue que nos une a lo inaccesible, permanecerá , mostrando el camino inverso al de nuestra esclavitud, cuya contemplación – a falta de recorrerlo - procura al hombre el único favor que sabe merecer: suspender la marcha, retener el impulso que lo constriñe a obturar una tras otra las fisuras abiertas en el muro de la necesidad y acabar su obra al mismo tiempo que cierra su prisión; ese favor que toda sociedad codicia cualesquiera sean sus creencias, su régimen político y su nivel de civilización, donde ella ubica su descanso, su placer, su reposo y su libertad, oportunidad esencial para la vida, de desprenderse y que consiste - ¡adiós salvajes! ¡adiós viajes!- durante los breves intervalos en que nuestra especie soporta suspender su trabajo de colmena, en aprehender la esencia de lo que fue y continúa siendo más acá del pensamiento y más allá de la sociedad: en la contemplación de un mineral más bello que todas nuestras obras, en el perfume, más sabio que nuestros libros, respirado en el hueco de un lirio, o en el guiño cargado de paciencia, de serenidad y de perdón recíproco que un acuerdo involuntario permite a veces intercambiar con un gato".


Así termina Tristes trópicos (1955)... es una de las narrativas más sensibles, tristes y bellas que haya escrito un antropólogo y es al mismo tiempo un tratado de filosofía, un informe etnográfico, una historia colonial y un mito profético.
Otro lujo... (y no soy estructuralista)


MEMORIA DEL OJO. Presentación visual




de : “Sociabilidades en un sitio de tránsito del espacio público urbano:
la Estación Terminal de Ómnibus Mariano Moreno”



NOTA: el título de la presentación es gentileza de Néstor Colón, quien con gran generosidad me permitió utilizarlo para el presente trabajo; "Memoria del ojo" corresponde originalmente a una producción literaria anterior, de su autoría.

Plaza Houssay ( Buenos Aires)





(En realidad esta entrada es para mí muy especial, pues es la primera vez que subo un videito casero al blog. Así que hay algo de iniciático para mí en esto: el poder haberlo logrado. )


La plaza Bernardo Houssay está ubicada en Barrio Norte de Buenos Aires, en la intersección de las calles Córdoba, Junín, Uriburu, Paraguay, zona vecina a varias facultades. Llegué a ella el mediodía de un viernes de setiembre, buscando algún espacio verde para respirar y descansar, y me encontré en un momento con un lugar que se abría ante mis ojos, no verde, sino gris. Aún así crucé la calle y decidí recorrerla según la lógica de su arquitectura...

La Plaza Houssay debe su nombre al Premio Nobel de Medicina 1947, Bernardo Houssay. Responde al modelo de “plaza seca” instalado durante la última dictadura militar (1976-1983). Las características estructurales de la plaza dan cuenta de la lógica represiva de la época en que se construyó: se sitúa por debajo del nivel de la vereda, el cemento es el elemento que la caracteriza, posee aislados espacios verdes que se encuentran delimitados por lados de cemento. Sus accesos son más o menos reducidos y restringidos en cuanto al número de personas que por él pueden pasar; desde el interior de la plaza, no se puede ver lo que ocurre en el exterior.

El uso social que hoy se hace de la plaza rompe con la carga ideológica - represiva que aún, a pesar de las reformas recientes aún posee.

(La reforma incluyó la eliminación de canteros, el cambio de las luminarias, cestos y bancos, la incorporación de nuevas especies arbóreas y la instalación de dos fuentes, sobre los lados que dan a la avenida Córdoba y a la calle Paraguay).

Los accesos informales, el rescate de la idea de plaza - mercado, ya que de lunes a viernes funciona una feria de artesanos, la presencia de una importante población estudiantil, las expresiones culturales que se desarrollan en ella, y las marchas que por sus alrededores transcurren, le otorgan otra significación.
Así, la plaza aparece hoy como reivindicación de la libertad de expresión. Las pintadas populares, un sitio de homenaje a docentes y estudiantes desaparecidos durante la última dictadura, "un espacio cívico" con gradas destinadas, sobre todo, a un lugar de permanencia de los estudiantes que concurren desde algunas de las facultades que rodean a la plaza, rompen con la represión y prohibición de las expresiones de la época, y se convierte así en una opción de uso y apropiación del espacio público urbano.